Noroña y Salinas Pliego: un amor posible

Dr. Et al | Columna

Con argumentos brillantes y sofisticados desplantes, el senador Fernández Noroña ha rechazado cada uno de los repetidos y arteros ataques a su modo honesto de vivir. Aunque esta defensa vigorosa de su modus vivendi es sorprendente en sí misma, en esta ocasión, no haremos elogio de la sapiencia del paladín de los pobres. Para ello, puede el lector consultar el análisis que hicimos de su profundo pensamiento político.

            Esta vez, reflexionando sobre mi papel de intelectual entre intelectuales, he llegado a la conclusión de que mi función principal es acercar a aquellos espíritus afines que, ya sea por prejuicio o confusión, no se han dado cuenta de dicha afinidad. Tal es el caso del senador Fernández Noroña y del empresario Ricardo Salinas Pliego.

            Por supuesto habrá lectores que, desde su sesgos e ignorancia, nieguen por entero la afinidad que une a ambos personajes. Argumentarán que han tenido constantes desencuentros públicos y que son polos contrarios de la experiencia humana. En mi opinión, son dos caras de la misma moneda. Sus desencuentros son tan sólo manifestaciones de la sorpresa de verse reflejado en el espejo, del sentimiento de un amor que no ha sido identificado y que, por lo tanto, no puede ser aceptado.

            Para facilidad del estimado público lector, someto a su consideración la siguiente lista de cosas en común entre Salinas Pliego y Noroña.

  1. Tanto Salinas Pliego como Noroña creen que el individuo tiene un derecho inalienable a los frutos de su trabajo sin que por ello deban algo a la sociedad. Todo lo que tienen es producto de su tesón, su inquebrantable voluntad y las cualidades que los hacen seres humanos excepcionales. Si las estructuras sociales y el sistema económico recompensan más sus labores que las extenuantes jornadas del campesino, el obrero o el maestro, eso es un problema de las estructuras sociales y del sistema económico.
  2. Ambos creen que una de las principales funciones del Estado es garantizar el abasto de aguas Perrier para el oportuno alivio de su sed. La hidratación de hombres de su calibre no puede ser dejada a simples botellas burbujeantes de Topo Chico o Peñafiel. No, señor, no.
  3. Ambos sirven a la sociedad. Salinas Pliego genera empleos tan deseados que los trabajadores, felices, insisten en trabajar doce horas. Además, pone a disposición de la gente generosos créditos que pueden ser pagados fácilmente en plazos tan cortos como la breve vida de Matusalén. Por su parte, Noroña representa los intereses de los más desprotegidos del país, de aquellas pobres almas que, ¡ay, de Dios!, no pueden acceder a insumos básicos como botellas de Perrier. Además, Noroña también nos regala con su suprema elocuencia. Cada una de sus intervenciones públicas es una cátedra de retórica, una serie de reivindicaciones del término «histrión». El mismísimo Cicerón estaría maravillado frente a este hombre que, con agilidad, juega con los principios de la lógica hasta dejarlos irreconocibles.
  4. Respecto al punto anterior, ambos son víctimas de una conspiración que, por medio de la difamación y la mentira, busca presentarlos como algo que no son. Salinas Pliego, el empresario exitoso y visionario, es acusado por estos conspiradores de ser nada más que un explotador y un vulgar evasor fiscal. Noroña, nuestro Cicerón moderno y honesto defensor de los más necesitados, es tildado de hipócrita por darse una vida que ninguno de sus votantes podría llegar a tener. Estas críticas son irracionales e infundadas, por lo que no merecen contestación. Son producto de las mentes perturbadas de mentecatos que no tienen muy claro en qué consisten sus aportaciones a la sociedad, por lo que consideran injustificado que puedan extraer tanto de ella. En este texto, no hay lugar para la envidia.

Si conocieran sus profundas afinidades, Salinas Pliego y Noroña podrían dejar de lado sus diferencias superficiales y unir fuerzas por el bien común. Incluso podrían apoyarse en sus aspiraciones presidenciales. Salinas podría aportar capital económico y Noroña podría aportar lo que sea que sea que aporte. No tiene importancia. Lo que es de verdad importante es que ambos podrían compartir la alegría de la victoria o encontrar consuelo en el otro en la derrota.

Si después de su pelea, Carlos Trejo y Alfredo Adame dirimieron sus diferencias, sin duda nuestros distinguidos caballeros podrán hacerlo ahorrándose episodios de vergonzosa violencia. Por el bien de la República, esperemos que Salinas Pliego y Noroña sellen su alianza con un gran abrazo y, por qué no, con un auténtico beso de amor fraternal.

Atte.

Dr. Et al, casamentero de la política, conciliador entre conciliadores y honesto admirador de los hombres superiores a él.