Frank García Trillo | Reseña: Valeria viene a casarse
(@FrankTrivium)
Valeria viene a casarse es una película israelí-ucraniana que cuenta la historia de Cristina (Lena Fraifeld) y su hermana Valeria (Daria Tvoronovych), ambas migrantes ucranianas que han llegado a Israel por medio de matrimonios concertados. La película, estrenada en 2022 y dirigida por la cineasta israelí Michal Vinik, se entrecruza con el conflicto ruso-ucraniano como un eje de incertidumbre en la historia narrada. La película parece estar hecha con bajo presupuesto, pero es honesta en presentar una historia genuina a partir de pocos personajes (apenas siete en total), pocas locaciones y un trabajo de cámara con tomas continuas, ocurriendo a lo largo del departamento donde suceden los acontecimientos. La narrativa transcurre a lo largo de un día, donde Cristina y su pareja Michael van a buscar al aeropuerto de Tel-Aviv a la hermana menor de Cristina, Valeria, la cual viene de Ucrania. Valeria viaja para casarse con Eitan, un israelí que conoce a la novia a partir de videollamadas y un sistema de casamientos concertados organizado por Michael, que actúa como el casamentero y hombre de negocios que une a Valeria a su nuevo esposo.
Valeria es un personaje misterioso o silenciado, del cual se sabe poco pues casi no habla y sus motivaciones son siempre explicadas por su hermana o por Michael, es decir, siempre hay una voz que se impone a la suya. A partir de él se pueden observar dos cosas. El patriarcado es tremendamente fuerte allá donde el mundo existe y la soledad de las personas es dolorosa y pesada como una piedra. Lo poco que aparece visible en Valeria es la duda, el dilema que conlleva estar casada con una persona que no conoce y que aparentemente le podría garantizar una vida lejos de las bombas y el conflicto a costa de su propia libertad para dedicar su vida a servir a un hombre, mientras que, por otra parte, el rencor hacia su hermana mayor, que, intentando alejar su propia soledad a partir de traer a su hermana, la convence de participar en un cambio tan grande de su vida.
Ella está siempre a la sombra o tras bambalinas, es decir, la historia la pone como el personaje central pero sin embargo, en la cámara, su hermana Cristina es la protagonista y desde la cual se cuentan la mayoría de las escenas. Además, Valeria no puede expresar jamás sus deseos frente a quien es su marido, pues quizás no los tenga claros. La presión es alta al tener que entregarse a un sistema donde ella ve la decadencia de la vida marital a través de su hermana. Además, este matrimonio concentrado, que es una mala tradición antigua, en los tiempos del Internet se siente como un matrimonio por Amazon, donde si la mujer que adquieres como una mercancía no cumple tus expectativas, esta puede ser devuelta como si se regresara una camisa de una talla distinta.
El patriarcado actúa sobre los hombros de Cristina, la mujer de Michael, quien es constantemente avasallada por los designios de su marido, que actúa como un patrón indicándole qué debe hacer y cómo debe comportarse, así como un chantaje sutil sobre la condición de los inmigrantes, cuya principal búsqueda es la estabilidad producto de los derechos asociados a la ciudadanía, especialmente, los de salud y de tratamientos de natalidad. Cristina tiene que lidiar con el rol de la hermana mayor que es guía y consejera, además de la esposa y la señora de la casa, la comprensiva y la sorora, mientras que, por otro lado, es la mujer respetuosa de la tradición.
Uno de los males que más problemas causa dentro de la trama es la diferencia lingüística. Mientras que las hermanas hablan ruso, los varones hablan hebreo y para comunicarse “en común” entre todos, se habla el inglés. El ruso resulta como un consuelo en medio de un entorno hostil donde la única persona cercana es la familia, mientras que el inglés es apenas una ventana para tratar de comunicar la intensa duda que se provoca ante esta decisión que une a los personajes.
Un amigo con el que compartí la película señala que la decadencia solo se logra a partir de que los personajes enfrentan sus principios contra la historia o el conflicto mismo, pero se ven imposibilitados a su realización. Ese es el gran problema que viven los personajes de Valeria viene a casarse. Cada uno enfrenta un dilema que no puede solventar y por eso todo es una gran tragedia, donde el amor, el rol de la mujer, las naciones y el desencanto de la sorpresa se configuran en una película honesta que devasta y conmueve por la naturalidad de la historia. Esta misma podría ser contada por unas hermanas migrantes en Estados Unidos, en Europa o cualquier lugar donde los fenómenos migratorios llevan a las mujeres a buscar espacios seguros en otras naciones y aun así se sostendrían las mismas dudas, la violencia y el mercado anteponiéndose a las relaciones humanas. No hay un discurso moral en la película, hay una tragedia y hay un intenso silencio que oprime a Valeria, como una sombra que le impide decidir sin paralizarse, sin que la tensión se apropie del lugar donde se encuentra. En esa tristeza, es imposible no encontrar la ternura y darse cuenta que a veces, la decisión más difícil y dolorosa, es aquella que nos trae libertad.

