Claudia Lizeth Pedroza Álvarez | Reseña: Niebla de Miguel Unamuno
.
.
Niebla, escrita en 1907 pero publicada en 1914, es una de las novelas más originales y fascinantes que he leído hasta ahora. Miguel de Unamuno nos sumerge en una historia que, aunque dramática, está impregnada de un aire trágico y filosófico que nos hace cuestionarnos sobre la propia existencia.
Desde la primera página conocemos a Augusto Pérez, un hombre de mediana edad que, sin demasiados antecedentes sobre su pasado, busca darle sentido a su vida. Todo cambia cuando, en un encuentro fortuito, se enamora a primera vista de Eugenia. A partir de ese momento, Augusto reflexiona: «Tal vez mi amor ha precedido a su objeto». Es decir, su amor ya existía en él antes de conocer a Eugenia; ella simplemente se convierte en el pretexto para manifestarlo.
Unamuno nos plantea una visión del amor que va más allá del sentimiento romántico. Para él, amar no significa necesariamente poseer, sino contemplar. Desde el inicio de la obra lo deja claro: «Es una desgracia esto de tener que servirse uno de las cosas (…) tener que usarlas. El uso estropea y hasta destruye toda la belleza. La función más noble de los objetos es la de ser contemplados». Esta reflexión nos lleva a preguntarnos qué es lo que realmente nos hace existir: ¿son nuestros actos, nuestras emociones o nuestra conciencia de ellos? Aquí se nota la influencia del filósofo Kierkegaard, quien también exploró la existencia a través del amor y el sufrimiento.
A lo largo de la novela, seguimos a Augusto en su diálogo constante con distintos personajes, lo que nos permite adentrarnos en múltiples relatos entrelazados dentro de su vida. Sin embargo, lo más sorprendente es el giro metanarrativo que Unamuno introduce: Niebla no es solo la historia de Augusto, sino también la historia del propio autor dentro de su obra. Unamuno rompe la barrera entre ficción y realidad, desafiando incluso la filosofía cartesiana. Mientras Descartes propone que primero dudamos, luego pensamos y finalmente existimos, en Niebla la duda se convierte en una grieta en la lógica de la realidad.
Pero lo más impactante es cuando Unamuno se introduce en la novela, interactuando con su protagonista y desdibujando los límites entre creador y personaje. Con esto, transforma Niebla en una nivola, un concepto literario único que convierte al autor en parte de la historia y lo inmortaliza en sus páginas.
En resumen, Niebla es una obra tridimensional. Primero, vivimos la existencia de Augusto y su mundo. Luego, vemos cómo Unamuno se filtra en la narrativa y se convierte en parte de ella. Y finalmente, nosotros, los lectores, nos damos cuenta de que también formamos parte de este juego literario. Al leer Niebla, por un momento dejamos nuestra propia realidad para darle vida a Augusto, a Unamuno y a la novela misma.
Una lectura imprescindible para quienes disfrutan de las historias que trascienden la ficción y nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia existencia.
.
Claudia Lizeth Pedroza Álvarez. Nacida en Los Reyes de Salgado, Michoacán, México. Es Licenciada en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Ha participado en actividades de investigación académica, además de desempeñarse en el servicio público y en tareas de defensa pro bono enfocadas en poblaciones vulnerables.

