Twitter: semillero de la Cuarta Transformación

Dr. Et al | Opinión

 

Llamadme Et al. Hace unos días -no importa cuánto tiempo exactamente- con muy poco o ningún dinero en el bolsillo y sin nada en la vida real que me interesara, creí que podría ir a navegar por ahí y ver la parte digital del mundo. Es mi modo de ahuyentar mis ganas de hacer algo útil y regular la circulación. Cada vez que siento una sonrisa en el rostro que va en aumento, cada vez que un bello sol primaveral brilla sobre mi cabeza, y, especialmente, cuando las ganas de vivir me dominan de tal modo que deseo salir a la calle a presenciar el milagro de la vida, entonces, comprendo que ha llegado la hora de hacerme a Twitter cuanto antes. Este es mi antídoto contra la felicidad, siempre tan engañosa.

Durante mis días de navegación he observado que en los puertos de Twitter hay una clase muy especial de marineros y marineras, quienes, tras fatigosas faenas, han logrado dar caza a su ballena blanca: un cargo público remunerado. Quienes digan que la reforma judicial terminó con la carrera judicial y que el servicio público de carrera es un mito elaborado simplemente ignoran lo evidente: la carrera en el gobierno inicia  en Twitter.

Estos marineros inician su trabajoso ascenso como grumetes de las redes, comunicadores que defienden con argumentos perfectamente racionales y una exquisita retórica todo lo relacionado con la Cuarta Transformación. Así, aprenden los rudimentos de la profesión y los valores de la disciplina y la obediencia, virtudes fundamentales para mantener una nave a flote en las turbulentas olas de internet. Sólo cuando sus esfuerzos llaman la atención de algún oficial superior de la embarcación, estos grumetes pueden ascender a marineros en forma, pilotos y, por qué no, incluso hacerse con su propia embarcación con personal y presupuesto gubernamental.

Así, un grumete de las redes sociales puede pasar a convertirse en representante popular, a dirigir algún medio de comunicación estatal o a evaluar los perfiles para la elección de los nuevos jueces del Poder Judicial. La oposición y ciertos envidiosos como yo podrían pensar que lanzarse a las mareas de Twitter es tarea fácil y, por lo tanto, es gente sin méritos la que llega a ocupar tan preciados cargos. Pues se equivocan. El trabajo de grumete de redes exige compromiso total. No hay descansos ni vacaciones. Cualquier descuido o negligencia podría ser fatal para la nave y sus tripulantes.

Una vez que estos grumetes son aceptados en la flota de la Cuarta Transformación, la voluntad transformadora del voto de la mayoría opera milagros inusitados en ellos, tal y como referimos en nuestra defensa de la elección de los jueces por voto popular. Todos sus defectos y fallas desaparecen y quedan incluso sobre capacitados para la función que se les encomienda. Véase el caso de un grumete que inició su carrera en un movimiento estudiantil universitario y hoy en día es un representante popular de una talla que deja empequeñecido al mismísimo Cicerón.

A partir de estas observaciones, sentí una indecible envidia hacia aquellos avezados marineros, por lo que he decidido lanzar mi pequeña barca a la mar digital con la intención de buscar fortuna. Quizás aún no sea tarde para mí y los demás despistados que no se dieron cuenta que el primer escalón del servicios público es la curiosa figura del grumete digital.

Cierro con un fragmento del conocido monólogo del capitán Ahab, nacido de la mente de Melville:

¿Qué es, qué cosa innombrable, inescrutable y sobrenatural, qué engañoso y escondido amo y señor, emperador cruel e inescrutable me gobierna, que contra la razón convencional me mantiene concentrándome todo el tiempo en conseguir la gracia del gobierno, haciéndome estar preparado temerariamente para hacer lo que mi propio sentido común, verdadero y natural, considera fatuo?

Atte. Dr. Et al

Grumete de las redes, aspirante eterno a un cargo público y terrible envidioso de aquellos que son mejores que él.