Dr. Et al | Opinión
Tras los diálogos en torno a la iniciativa de reforma del Poder Judicial Federal (“PJF”), el anteproyecto de dictamen resultante es, en esencia, lo mismo. Los miembros del PJF y sus simpatizantes están indignados. Para ellos, los diálogos en torno a la reforma debieron tener algún impacto en el proceso en vez de ser una pantomima del gobierno para simular apertura. Esta indignación está detrás de la suspensión de labores del Poder Judicial Federal.
Una vez más y como siempre, estas consideraciones parten del error y la ignorancia. Aunque ya he hablado del poder transformador de la democracia en mi defensa de la elección de jueces por voto popular (disponible aquí), la confusión imperante me ha convencido de la necesidad de hacer una serie de artículos sobre la democracia en nuestros tiempos, lo anterior, con la finalidad de dar un poco de luz al respecto. Así, en este segundo artículo, explicaré brevemente la idea de representación, según ha sido defendida por pensadores de la talla de Fernández Noroña, y su papel en el drama de la reforma del PJF.
Elijo centrarme en el profundo pensamiento de Fernández Noroña pues sus sesudas intervenciones en tribuna y en medios de comunicación exponen de manera clara la idea de representación en nuestra democracia actual. Noroña es como Sócrates. Sus teorías sobre la representación no llegan a nosotros a través de gruesos tomos de su autoría, sino en viva voz y en enseñanzas.
La idea de la representación es simple. El pueblo debe aprobar los actos del gobierno, pero, al ser virtualmente imposible recabar el visto bueno de cada ciudadano, la representación sirve como extensión del consentimiento. Así, basta que un representante electo otorgue su consentimiento para que se asuma que es el pueblo representado quien lo ha dado.
En el pensamiento noroñiano, esta idea se vincula con la clarísima noción de “voluntad general” de Rousseau, la cual consiste en el deseo común de todos para utilidad pública de todos, aun cuando dentro de esos “todos” haya “todos” que no quieran lo mismo, pues no importa porque en el fondo “todos” quieren lo mismo sin saber que lo quieren, pero en el fondo de verdad, de alguna forma lo quieren y saben que lo quieren. Algo así.
Para Rousseau, esta voluntad general es inmutable y permanece aún ante el cambio de gobierno. Es en este punto donde el pensamiento noroñiano se separa de Rousseau. Para Noroña, la amplia mayoría que votó por Morena se convierte, a través de una transubstanciación increíble, en voluntad general. Esta voluntad general no es inmutable ni imperecedera, como anticuadamente considerara Rousseau, sino que se vuelve carne y verbo en el gobierno morenista. El voto masivo del pueblo se convierte entonces en consentimiento general e irrestricto para todas las acciones y proyectos del gobierno en turno.
En ese sentido, dentro del pensamiento noroñiano, la discusión sobre la pertinencia o idoneidad de una reforma para alcanzar sus fines es irrelevante no sólo por el consentimiento irrestricto del pueblo, sino porque la voluntad general, guardiana infalible del interés ciudadano, garantiza que cualquiera de sus proyectos se manifieste en bienestar general para todos.
En ese contexto, la reforma al PJF es tan sólo una manifestación de la voluntad general del pueblo ejercida por la mano sabia del partido en el gobierno y, los diálogos en torno a ella, por demás innecesarios pues no son nada ante el poder de la voluntad general, son una gracia que se concede a los necios para que expresen los disparates que guardan sus mentes obnubiladas.
Habrá necios que, de mala fe, argumenten que si de verdad son tan demócratas como dicen ser, todas las decisiones del gobierno, incluyendo la reforma, deberían estar sujetas al sagrado voto popular del pueblo de México. Este planteamiento, por demás impráctico pues generaría una sucesión infinita de votaciones, muestra una profunda incomprensión del intrincado pensamiento noroñiano. Una vez que la voluntad general ha sido integrada a través del voto masivo del pueblo, dicha voluntad ya no requiere de ningún permiso adicional para obrar en beneficio de sus protegidos. Así, el pueblo queda eximido de preocupaciones banales como la política fiscal, la seguridad nacional o el desarrollo económico. Lo anterior, para que pueda concentrarse en su elevado al papel de Gran Refrendador, acudiendo cada tres años a reiterar su consentimiento en las urnas.
El pensamiento noroñiano es basto. Un solo artículo, en particular si es escrito por una pluma torpe como la mía, no basta para exponer con claridad su majestuosa complejidad; sin embargo, creo que es suficiente para entender el andamiaje teórico que respalda a la reforma al PJF.
Entonces, como conclusión, insto a quienes votaron por Morena y a la vez son detractores de la reforma judicial a mirar en su interior y descubrir dentro de su yo particular el poder general de la voluntad general y se convenzan de que, en el fondo, de verdad quieren la reforma.
Cierro esta reflexión con mi brillante reinterpretación de una frase de Rousseau:
El hombre ha nacido esclavo y, sin embargo, por todas partes se encuentra fingiendo que es libre.
Atte. Dr. Et al
Esclavo libre y voluntario de la voluntad general, especialista en Rousseau y simpatizante, sin quererlo ni saberlo, de la reforma judicial.

