La avaricia y las tentaciones necesarias: los Snopes de Faulkner. Parte I

Omar García Hernández | Reseña: El villorrio de William Faulkner

La primera aparición de los Snopes en el orden cronológico de las novelas de William Faulkner que he encontrado es la del senador Clarence Snopes en Santuario, quien, con un puro en la mano, aparece en un par de momentos en la trama de la búsqueda de una joven desaparecida en los bajos mundos del burdel y el tráfico de alcohol durante la prohibición en la década de 1920 en Estados Unidos. Snopes aparece entre las noches del mundo del vicio como el último recurso de búsqueda de la joven desaparecida, Temple Drake, y logra localizarla con sus contactos siendo explotada en una casa de prostitución, pero sólo realiza el favor a cambio de una cantidad considerable de dinero. Lo anterior, en la trama de Santuario, no resulta tan corrupto como otros momentos de la novela, pero ofrece una primera idea de la familia a la que Faulkner dedicará tres de sus últimas obras: la trilogía de los Snopes, El VillorrioThe Hamlet en inglés[1]─, La Ciudad y La Mansión.

Villorrio (“población pequeña y poco urbanizada en un sentido despectivo”[2]) es una buena traducción para el título de una obra que verá a los habitantes de un pueblo cegarse por la audacia de un personaje cuya avaricia estuvo contenida hasta el inicio de esta novela. Narrada desde el punto de vista de varios de los personajes a través de un caserón subjetivo de espejos, método perfeccionado en las anteriores novelas de Faulkner, plantea la llegada del anónimo Flem Snopes a Frenchman´s Bend, una ciudad rural del sur de los Estados Unidos aledaña a Jefferson ─ciudad eje en las historias de Faulkner─, en el condado de Yoknapatawpha (espacio ficticio que inspiró al Macondo de García Márquez) a inicios del siglo XX.

El protagonista de esta novela, Flem Snopes, siempre aparece dibujado a través de los relatos que los pobladores del pueblo construyen sobre él, tergiversado en malicia, o bien exaltado, admirado por su astucia para engañar en los negocios, aunque siempre se mantiene bajo un aura de misterio respecto a sus fines. Su primera descripción es como un despachador en una tienda del pueblo, sentado, ocupado siempre en tallar con un cuchillo un pedazo de madera, esperando, rodeado de familiares que la narración poco a poco va haciendo llegar a Frenchman´s Bend. El Villorrio es la presentación de los primeros Snopes que determinarán el futuro de la narración, y podríamos afirmar que el logro de esta primera novela de la trilogía está en que mantiene ciertas tensiones básicas pero lo suficientemente fundadas. Las “tensiones” para el lector, son dilemas para los personajes, que solamente se resuelven en el desahogo, el desconcierto y el escándalo del mismo relato colectivo. Faulkner exploró incansablemente las formas de oralidad ─una más de las razones de su vigencia─, y esta primera parte de la trilogía se caracteriza particularmente por su forma de relato popular y con múltiples puntos de vista que ya no predominará, puesto que el lugar del narrador pasará a ser principalmente la familia Stevens.

Los problemas de El Villorrio son problemas locales y cotidianos aparentemente sin importancia pero que determinan el girar de los días en su propio espacio. En las novelas de Faulkner el sur estadounidense sorprende por su realismo pero también porque configura su propio estilo en el lenguaje, en la ropa, en el ambiente y en dilemas que alcanzan su mejor expresión allí. Es decir, su parte sorpresiva son las cosas distintivas del sur de Faulkner pero que nos parecen creíbles por la manera en la que en cada obra nos introduce al sur. Los personajes también son parte de esa tierra. Flem Snopes aparece como un símbolo ambivalente, que se rebela al orden económico prestablecido pero con la finalidad de hacerse con el poder para sí mismo y para los suyos. El diseño del personaje en esta primera novela sigue mucho la técnica que utilizó Faulkner en Santuario, donde traza a un personaje llamado Popeye jugando, por un lado, con los silencios del personaje y las impresiones externas de la comunidad y, por otro, con los actos intermitentes que realiza que provocan la sospecha, el horror o la compasión de los demás. Es decir, Faulkner hace un uso muy particular de la elipsis en esta y otras obras, donde los silencios también tienen significados en el relato.

Para entender a sus personajes, consideraría que debemos observar en Faulkner sus rasgos de romántico tardío. En gran medida, porque también es el periodo que abarca en varias de sus novelas. Pero también porque, en el fondo, desarrolla la idea de lo sublime y lo monstruoso en Estados Unidos a través de personajes que buscan hacer el bien o hacer justicia y otros extraños difíciles de comprender. Pero Faulkner intenta comprenderlos. Aunque el prólogo de El ruido y la furia no crea que Faulkner trate el mal en sus personajes, sino perfiles humanos complejos y frustrados[3], bien podría ser esta su versión sobre un tema clásico de la literatura como lo es mal. El mal en sus personificaciones y encerrado en sus propios dramas.

De esta manera, Flem Snopes tiene un segundo precedente además de Popeye, y se trata de Thomas Sutpen, el patriarca dueño de una plantación esclavista en ¡Absalón, Absalón![4]. Sutpen está articulado por una serie de motivaciones más realistas que el personaje de Popeye, corrompido desde su infancia y moldeado por circunstancias familiares terribles. Thomas Sutpen intentará vengar su linaje perteneciente a los white trash ─clase social del sistema de castas previo a la Guerra de Secesión caracterizada por personas blancas en la desposesión total que habitaban las montañas─ acumulando una fortuna, construyendo desde la nada una mansión diseñada por un arquitecto francés en medio del calor del sur (lugar que llamará El Ciento de Sutpen), logrando un matrimonio con una de las burguesas de la población aledaña, pensando en el futuro de su dinastía, pero condenado por las repercusiones que traerá el hijo no reconocido que abandonó en una región distante y que volverá pretendiendo seguir el legado de su padre. Ahora bien, no es la única motivación de Sutpen para lograr la mayor plantación de la región, pero justamente el intento de plantear sus motivaciones es de lo que trata el capítulo VII de esa novela[5].

La avaricia, pecado fundacional norteamericano, es uno de los grandes temas en las novelas de Faulkner como un motivo trágico y poderoso. ¿Necesario también? En ¡Absalón, Absalón! el pueblo no mejora sus condiciones de vida por la plantación de Sutpen, en La ciudad (continuación de El Villorrio), los Snopes actúan mediante el vicio y el engaño, sin que con ello mejoren las condiciones de vida de los demás habitantes. Subyace cierta crítica conservadora en Faulkner al representar el sur de los Estados Unidos: contra la pornografía, contra el contrabando de alcohol, contra la liberación sexual; por tanto, es coherente que muestre la peor versión moral del progreso en sus novelas. Sin embargo, a pesar de la potencia crítica de sus historias, en el fondo Faulkner no quiere decir que sus personajes vivan el único argumento verdadero. En sus tramas acierta al dar un amplio margen de subjetividad a sus personajes, mediante las historias que surgen sobre ellos, las tergiversaciones, los acontecimientos repetidos desde múltiples puntos de vista, todos ellos recursos que amplían el espectro de significación de hechos que de otra manera no habrían tenido relevancia alguna. Es decir, a nadie le interesa saber de un estafador más, pero Flem Snopes en El Villorrio tendrá el papel del emprendedor fraudulento norteamericano, y la novela se encargará de más que crear un villano, sino de crear las bases de un espacio de vida: Jefferson, condado de Yoknapatawpha, a través de sus habitantes.

Una última figura que merecería la pena estudiar de El Villorrio sería el uso de los caballos, y es que Faulkner muestra un dominio de su estilo al retratarlos. En el caso de El Villorrio, el caballo hace al menos dos apariciones significativas. En primer lugar, al principio, cuando el vendedor ambulante de una carretera consigue estafar a una familia de campesinos vendiéndoles un caballo sin educar. En segundo lugar, en el episodio que termina la novela, en que Flem Snopes trae al pueblo a un empresario de Texas con un cargamento de caballos que violentan los corrales por sus costumbres no domesticadas y que consigue subastar a los pobladores de Frenchman´s Bend. A pesar de las advertencias que ofrece el comportamiento salvaje de los animales, los campesinos decidan comprarlos y luego padecen la fuga y los destrozos de los animales. El caballo, en segundo lugar, representa un bien ─aunque hoy en día esta idea ya no sea del todo vigente sigue siendo entendible y lamentablemente legal─, pero un bien silvestre, no domesticable, del que el mercado (encarnado en Snopes) sabe disimular su aparente utilidad. Los campesinos terminan comprando todos los “bichos moteados”, como son llamados dichos caballos. El empresario texano parte; Flem Snopes alega que se llevó el dinero y se lava las manos ante una trabajadora del hogar modesta, en la última parte de la novela, regresándole tan sólo un par de dulces para sus seis niños famélicos y viéndola partir de regreso a su hogar. Así es como termina la primera novela de la trilogía de los Snopes.

A manera de comparación, podemos ver otro uso de la figura de los caballos que años más tarde, en 1958, Claude Simon tendría en El Caballo[6], una novela en la que explora el escenario de la guerra y su papel en la Historia. Audazmente, en el prólogo de la traducción por Canta Mares, se encuentran tres momentos significativos en los que la vida del caballo ─concretamente, su ojo─ se detiene para contemplar la guerra. El primer momento es de protesta fatigada[7], el segundo momento representa una especie de pausa en el centro de la batalla, de “visión interior, una realidad más real que lo real”[8]. El tercer momento es el cuerpo del caballo en la muerte[9]. Tras el Nobel de Literatura en 1949, y lecturas de autores consagrados como Sartre o Camus de Faulkner, es probable adivinar la difusión de la obra faulkneriana en el terreno cultural francés y una posible inspiración de Claude Simon por la figura de los caballos en El Villorrio[10], que es una constante. La influencia de Faulkner no es conclusiva, por más que los estilos presenten semejanzas, pero la comparación nos es útil para remarcar mejor el estilo tan característico de Faulkner, satírico, arquetípico, desastroso, en el manejo de la figura de los caballos.

Considero, finalmente, que El Villorrio puede describirse como una ruta de acción: de la descripción del vendedor ambulante que se dedica a estafar carretas al uso del comercio como forma de engaño y de producción de riqueza por parte del estafador o “mago”. Porque sí hay cierta idea de lo inexplicable presente en la obra de Faulkner, y en esta obra en particular, del sujeto prestidigitador que vende unas tierras estériles creando el rumor de que tienen oro, que vende unos caballos silvestres bajo la expectativa de utilidad. Como prestidigitador, utiliza una cierta magia capitalista que tiende a la fetichización de los productos, que en la época de escritura de esta novela criticaba Lukács en los mismos Estados Unidos. El personaje del prestidigitador puede que nos muestre que no son necesarios los grandes medios de comunicación o producción para las simulaciones. Quizás este sea uno de los rasgos más trágicos de la primera novela de la trilogía de los Snopes: el lector pensado como sujeto trágico que participa también en la trama como un personaje de la población, creyente en las pretensiones de crecimiento, convencido participante de un sistema ─aunque sea para reformarlo─, el lector como personaje del sistema capitalista e inmerso en dinámicas de dominio y a veces cierto aparente progreso; el lector capitalista destinado a la tragedia de la dominación o a la tragedia del envilecimiento; el lector que puede decidir ser un V.K. Ratliff, un vendedor con hambre de aventura o, al contrario, un lector que puede ser (o quisiera ser o nunca quisiera ser) un Snopes.

[1] Faulkner establece constantemente relaciones intertextuales con Shakespeare y con los libros bíblicos, parte de su trazado de la cultura sureña y de su propia forma de cristianismo que realiza en sus obras.

[2] Diccionario de la lengua española. (2023) villorrio. Consultado el 12 de mayo de 2024. https://dle.rae.es/villorrio?m=form

[3] Faulkner, W. El ruido y la furia. Cátedra. (Originalmente publicada en 1928)

[4] Faulkner, W. (2000) ¡Absalón, Absalón! (E. Díaz, ed. y trad.) Cátedra. (Originalmente publicada en 1936).

[5] Ídem, pp. 269 – 338.

[6] Simon, C. (2017) El Caballo. Canta Mares. (Originalmente publicada en 1958).

[7] Ídem, p. 18.

[8] Ídem, p. 38 y 39.

[9] Ídem, p. 50.

[10] No sería una influencia improbable de Simon, tanto por la publicidad que le otorgó a Faulkner el Nobel como por la influencia de forma, en un realismo simbólico e influenciado por el vanguardism angloamericano, como influencia de fondo, considerando que el tema de los soldados y la guerra es una constante en la obra de Faulkner (“La paga de los soldados” sobre los soldados en su retorno de la Primera Guerra Mundial, “¡Absalón, Absalón!” sobre la Guerra Civil, “Pilón” sobre la aviación estadounidense). En otro espacio valdría la pena proseguir una posible polémica sobre si el vanguardism de Faulkner influyó en las generaciones posteriores al surrealismo o si el vanguardism de Faulkner se separa tajantemente del surrealismo.

Estepario.logo.E