Parte III. Turquía: cooptar a la religión

Retrato de Mustafa Kemal Atatürk
Carlos Erasmo Rodríguez Ramos | Notas sueltas
(@CarlosErasmoRR)

NOTA:  Este artículo corresponde al resumen del tercer capítulo de mi investigación y está dedicado al análisis del caso turco. Al igual que en el artículo anterior, quizás este artículo no le haga justicia a la investigación. Las particularidades del caso, por ser un tanto ajenas a nuestra cotidianeidad, pueden parecer extrañas a primera vista, pero creo que una explicación simple las hace del todo entendibles. Por estas explicaciones, este artículo es un poco más extenso que los anteriores. Del mismo modo que en el caso mexicano, el argumento fue sintetizado lo más posible para hacerlo entendible y presentable en este formato y, por ello, en caso de que algún tema en específico llame su atención y quieran ver la explicación completa, sugiero que se remitan a la breve bibliografía recomendada o, si se trata de algún argumento específico de la investigación, al capítulo respectivo de la tesis disponible en el repositario de El Colegio de México. Los dos ensayos anteriores de esta serie, el introductorio y el dedicado al caso mexicano, están disponibles en este sitio web.

Introducción

Creo que el caso de Turquía fue el que originó mi interés por las relaciones entre las instituciones religiosas y el Estado. En Turquía, existe el Directorio de Asuntos Religiosos (conocido como Diyanet), una dependencia estatal encargada de administrar y gestionar diversos aspectos de la religión mayoritaria del país, el islam sunní. Al saber de la existencia de Diyanet, la pregunta surgió por sí sola, ¿por qué después de imponerse en dos cruentas guerras civiles, el Estado mexicano no tiene una dependencia que administre a la Iglesia y a la religión católica? Para responder a esta pregunta no sólo era necesario entender el fracaso del Estado mexicano en sus esfuerzos por integrar a su aparato a la religión católica, lo que se explica en el segundo artículo de esta serie, sino entender las dinámicas que determinaron el éxito de Turquía en este esfuerzo.

Esta tercera entrega de la serie busca dar cuenta de este éxito.  Al final, se hace un breve comentario sobre la actualidad de Turquía bajo el gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (“AKP” por sus siglas en turco) y su líder, Recep Tayyip Erdogan. Disfruté mucho aprendiendo sobre Turquía y espero que este breve artículo despierte en sus lectores un interés por este país. La explicación del caso turco se dividirá en tres periodos para facilitar su exposición.

La Tanzimat (1826-1876)

La historia del Imperio Otomano no puede ni debe ser reducida a generalizaciones como la de “el hombre enfermo de Europa”. En realidad, su historia de poco más de 600 años es compleja y dinámica hasta su disolución en 1923. A inicios del periodo de análisis de la investigación, es decir, principios del siglo XIX, hacía tiempo que la expansión del imperio había terminado. En ese entonces la principal preocupación de los otomanos era hacer frente al expansionismo de las potencias europeas. A diferencia del caso mexicano, el ámbito internacional tuvo más importancia en el caso turco. La presión del expansionismo europeo llevó a las élites otomanas a emprender reformas de “modernización” con el propósito de defenderse ante este embate. Para entender mejor estas reformas, es necesario mencionar la situación del imperio en ese entonces y, por supuesto, de las instituciones de la religión mayoritaria.

            En el siglo XIX, el Imperio Otomano venía de un largo proceso de descentralización. Muchas provincias, quizás el mejor ejemplo sea Egipto, estaban bajo el control de gobernantes locales que, aunque nominalmente se encontraban bajo la autoridad del sultán, en los hechos actuaban de manera autónoma y tenían su propia dinastía gobernantes. Por su parte, el sultán no sólo tenía autoridad para asuntos terrenales, sino que tenía el título de califa. Durante la Edad Media el califato era una especie de pontificado de todo el islam; sin embargo, esa noción se perdió y ahora el sultán sólo tenía autoridad religiosa sobre aquellos musulmanes que se encontraran dentro de sus territorios.

            Respecto a la religión, dentro del Imperio Otomano había gran variedad de creencias por lo que eran gobernadas a través del llamado sistema millet. El término millet puede traducirse simplemente a “gente” o “pueblo”. Estos “pueblos” hacían referencia principalmente a las tres religiones mayoritarias del imperio en el periodo: el islam sunní, el cristianismo ortodoxo y el judaísmo. En el imperio, la religión determinaba el lugar y las obligaciones de los súbditos, por lo que, a través de este sistema, el Estado otomano se vinculaba con las comunidades religiosas y sus integrantes en coordinación con los líderes religiosos de cada comunidad.

            Desde tiempos de Solimán El Magnífico, los otomanos se esforzaron por impulsar el islam sunní por lo que, como era de esperarse, el líder religioso más importante fue el Seyh-ul-Islam, mufti de Estambul, experto en derecho islámico y líder de los ulema. Los ulema eran, en términos simples, expertos en la ley islámica. En el Imperio Otomano, los ulema se desempeñaban como maestros y jueces. La pertenencia a este grupo podía convertirse una carrera larga que culminaba en el cargo de Seyh-ul-Islam, sólo por debajo del sultán en autoridad. Por su vinculación a estos ámbitos, el jurídico y el educativo, este grupo fue importante en los proyectos de modernización otomanos.

            En este contexto, ocurrió la llama Tanzimat, proceso de reforma y reorganización del imperio. Durante la Tanzimat el poder pasa del sultán a la burocracia del palacio (también conocida como Sublime Puerta) y se fortalecen los procesos de centralización. Debido a las intenciones de este artículo, se tratarán de manera muy esquemática los profundos cambios del periodo desde los tres ámbitos de análisis de la investigación.

            En el ámbito financiero, se creó el llamado Ministerio de evkaf destinado a la administración de vafk. El vafk o “fundación religiosa” era una figura jurídica a través de la cual ciertos bienes, como la tierra, eran declaradas inalienables pues estaban destinadas a propósitos piadosos como la caridad o el mantenimiento de instituciones religiosas. A través de este Ministerio, el Estado otomano tomó, parcialmente, control del vafk.

            En el ámbito educativo, la modernización exigía la impartición de nuevos conocimientos en todos los niveles educativos. Así, se fundaron instituciones para la formación militar y técnica, y se cambiaron los planes de estudio de las escuelas para incluir asignaturas “modernas”. Dado que los ulemas contaban con amplia experiencia como docentes, el Estado otomano los reclutó para impartir las nuevas materias, salvo en los casos de más especialización como el ramo militar, instituciones de donde egresarían los oficiales como Mustafa Kemal Atatürk​ que terminarían por fundar la república.

            En lo jurídico ocurrió algo similar pues la experiencia de los ulemas como jueces hizo que el Estado otomano los utilizara para la aplicación del nuevo derecho occidental que comenzaba a implantarse. Lo anterior, aún en ramas conflictivas con la tradición como el derecho civil y el penal. El derecho mercantil quedó de inicio fuera del conocimiento de los ulemas.

            Como puede verse, las reformas, en primera instancia, no afectaban a los ulemas sino que, por el contrario, los beneficiaron al generar nuevos puestos de trabajo y al ampliar sus perspectivas profesionales. Sin embargo, no fueron bien recibidas por los ulemas jóvenes, quienes apenas iniciaban sus carreras y creían que el avance de las reformas y la creación de nuevos tribunales y escuelas llevarían, tarde o temprano, a la marginación de los ulemas como clase. El paso del tiempo demostró que no se equivocaban. Pese a estos conflictos, durante el periodo la actitud de los ulemas fue de colaboración.

            La Tanzimat termina con el ascenso de Abdülhamid II y el retorno del poder a la figura del sultán.

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El reinado de Abdülhamid II y el final del imperio (1876-1923)

Tras su ascenso al trono, Abdülhamid II continuó con el proceso de reformas modernizadoras iniciado durante laTanzimat; sin embargo, limitó o suprimió muchas de las instituciones políticas legadas del periodo previo, como el recién electo congreso, el primero en cualquier país musulmán, o la constitución liberal de 1876, que tuvo una breve vigencia.

            Para los propósitos de este breve artículo, me parece que lo más conveniente es comentar los que considero son los dos proyectos de reforma relacionados con la religión más importantes del periodo: la creación de la Mecelle, un intento de codificación del derecho islámico, y el proyecto de reforma de las madrazas, escuelas de formación religiosa de las que egresaban los ulemas.

            La introducción del derecho occidental en el imperio durante la Tanzimat enfrentó la resistencia de algunos ulemas, quienes veían en ella una intromisión indebida en el derecho musulmán. Así, durante este periodo y a raíz de la controversia en torno a si debía adoptarse o no el código civil francés, se inició la Mecelle como un intento de codificar la jurisprudencia Hanafi, una escuela de interpretación islámica conocida por su flexibilidad y por la relevancia de las opiniones de los jurisconsultos. La Mecelle se promulgó entre 1869 y 1877. A través de este proyecto, se articularon dos problemas jurídicos de finales del imperio: la manera en la que la jurisprudencia islámica debía responder a la legalidad moderna y si la ley islámica era capaz de adaptar las nuevas ideas y valores provenientes de Occidente. De este modo, la Mecelle fue una forma de resistencia y reacción en contra de la hegemonía occidental en el litigio en materia comercial. La codificación de la Mecelle fue un intento por crear un criterio estandarizado para el razonamiento judicial que continuaría en vigor hasta tiempos de Atatürk.

            En el ámbito educativo, como bien habían predicho los ulemas jóvenes, la creación de nuevas escuelas modernas llevó a la marginación de las madrazas, las escuelas en las que se formaban. Las élites otomanas y los ulemas estaban convencidos de que la educación en las madrazas estaba atrasada y debía ser reformada; sin embargo, había poco consenso en torno a cómo debía llevarse a cabo. En ese sentido, los ulemas se dividieron entre quienes de plano rechazaban la reforma y quienes la veían necesaria, ya fuera de forma parcial o total. Aunque había cierto consenso en la necesidad de reforma, esta no se llevó a cabo por el temor a enfrentar la resistencia del estudiantado y provocar su movilización. Además, los gastos derivados del esfuerzo bélico tras la entrada del imperio en la Primera Guerra Mundial terminaron por frustrar el proyecto.

            Con el riesgo de generalizar demasiado, podríamos decir que en el balance de este periodo fue negativo para los ulemas. Las élites otomanas buscaban llevar a cabo reformas de modernización sin romper de manera radical con las fuerzas de la tradición, principalmente con los ulemas. Sin embargo, las reformas mismas marginaron y relegaron a los ulemas por lo que su eliminación como clase se hizo no sólo posible, sino también necesaria para el éxito del proyecto de modernización.

            Debido a las reservas de las élites otomanas frente a la tradición, fue necesaria la llegada de otra élite para este rompemiento. Tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, se firmó la paz en el Tratado de Sèvres, mismo en el que se estipulaba que el territorio del imperio sería repartido entre distintos países y las potencias vencedoras. Fue entonces cuando Mustafa Kemal Atatürk​, enviado originalmente para desmovilizar al ejército activo, tomó las armas en rechazo al tratado, dando inicio a la llamada guerra de independencia turca. Durante el desarrollo del conflicto, Atatürk y sus oficiales crearon un gobierno autónomo en Ankara, en oposición directa al gobierno del sultán en Estambul.

            Al final de la guerra, se firma el Tratado de Lausanne que esteblece las fronteras de la Turquía moderna. Atatürk y sus oficiales habían logrado revertir el reparto de territorios y el sultán, caído en el desprestigio por respaldar el Tratado de Sèvres, perdió toda autoridad. Entonces, el nuevo gobierno de Ankara, capital de la Turquía moderna, proclamó la república y el fin del imperio.

Atatürk en el poder y fin dominio del CHP (1923-1950)

Atatürk permaneció en el poder hasta su muerte en 1938. Para ejercer el poder y gobernar, fundó el Partido Republicano del Pueblo (“CHP” por sus siglas en turco). Atatürk y el CHP, sin reservas ya hacia la tradición, emprendieron una serie de reformas radicales para modernizar Turquía, incluyendo la adopción del calendario gregariano y la sustitución de la escritura árabe por el alfabeto latino.

            En este periodo, las instituciones religiosas tradicionales fueron erradicadas. El sistema millet había dejado de existir no sólo por diversas reformas legales, sino por las políticas de homogeneización de la población implementadas por el gobierno, tales como el intercambio de población de cristianos ortodoxos con Grecia, el genocidio armenio y el conflicto constante con los kurdos. En adelante, Turquía sería un país de turcos musulmanes.

            Los ulemas y sus instituciones fueron erradicados. Se cerraron las madrazas y los tribunales religiosos, se suprimió el cargo de Seyh-ul-Islam y se eliminó el Ministerio de evkaf. La Mecelle fue dejada de lado y se publicaron ordenamientos jurídicos de inspiración occidental. Finalmente, como golpes de gracia simbólicos se suprimió el califato y Hagea Sophia, convertida en mezquita tras la conquista de Constantinopla, se convirtió en un museo. Todo lo anterior, en pro de la laicidad (laiklik en turco), término que se convertiría en uno de los cinco pilares del CHP y que se incluiría en la constitución turca en 1931.

            Todos estos cambios radicales y acelerados pueden dar la apariencia de un rompimiento radical con el pasado, pero, en realidad la continuidad de las tendencias se manifestó de nuevas maneras. En lugar de las instituciones de los ulemas, el nuevo Estado turco creó a Diyanet para administrar la religión mayoritaria. Además, en lugar de las madrazas se crearon las escuelas Imam Hatip, administradas por el Estado y destinadas a la formación del personal religioso. Tras la muerte de Atatürk, principal promotor de la laicidad, y tras la derrota del CHP en las elecciones de 1950, ambas instituciones aumentaron su importancia.

            La historia de Diyanet y la historia de las escuelas Imam Hatip merecerían un artículo aparte; sin embargo, para propósitos de este artículo basta decir que ambas sustituyeron en gran parte las instituciones de los extintos ulemas. Diyanet, encargada de la administración del personal y de los recursos estatales destinados a la religión mayoritaria, fue cobrando mayor relevancia. Lo mismo ocurrió con las escuelas Imam Hatip. Para evitar que Diyanet cayera en control de grupos religiosos poco vinculados con el Estado turco, se dispuso que sólo pudieran laborar en la dependencia los egresados de las escuelas Imam Hatip. De este modo, los estudiantes religiosos no sólo tenían un lugar dónde estudiar, sino el prospecto de una larga carrera profesional dentro del propio Estado, de manera que los intereses de la religión y el Estado coinciden, haciendo posible la colaboración.

            De este modo, se establece lo que Fabbe (ver la breve bibliografía) llama “síntesis sacra”, una unión entre el Estado y la religión mayoritaria donde las instituciones religiosas se encuentran dentro del aparato estatal. Sin embargo, los sucesos recientes en la república de Turquía pueden sugerir que algo está cambiando.

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Conclusión: las repercusiones

A partir de 1950, gran parte de la vida política de Turquía ha estado marcada por el conflicto entre los defensores de la laicidad y quienes quieren llevar al islam a la arena política. Entre los defensores de la laicidad, el grupo más importante es el ejército, fieles defensores del kemalismo que no dudan en derrocar gobiernos que piensen son contrarios a estos ideales, como en los golpes de Estado de 1960 y 1980. Del otro lado se encuentran creyentes, miembros de comunidades religiosas y hasta partidos políticos.

            En 2003 esto cambió con el ascenso del AKP y su líder, Erdogan, quienes se han mantenido en el poder desde entonces. A través de diversas maniobras, el AKP y Erdogan han logrado erosionar al ejército y a otros defensores del kemalismo. Es necesario decir en este punto que el AKP es un caso curioso, pues no se trata de un partido que se declare abiertamente religioso, aunque simpatiza con la religión y con los fieles. El mismo Erdogan, egresado de las escuelas Imam Hatip, se niega a hacer declaraciones en ese sentido. Sin embargo, simpatizan con la religión y con los creyentes al grado de que se ha expandido la educación religiosa en el país y Hagea Sophia, el triunfo simbólico del kemalismo sobre la religión, ha vuelto a convertirse en mezquita.

            El duradero dominio del AKP en Turquía no sólo ha generado el debate sobre si el país sigue siendo una democracia, sino sobre el lugar de la religión en la política del país. Hay elementos para pensar que el arreglo kemalista ya no está vigente y que la Turquía de Erdogan está en camino a convertirse en algo distinto a la “síntesis sacra”, ¿en qué? No es posible decirlo hasta ver el desarrollo futuro de los acontecimientos.

Breve bibliografía

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