En defensa de la elección de jueces por voto popular

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Dr. Et Al | Opinión
@DrEtaloficial

La propuesta de elegir a los jueces de todos los niveles a través del voto popular ha sido recibida negativamente por la intelectualidad. Mientras que en el proyecto se señala que la intención es acercar a la sociedad civil al quehacer judicial y eliminar las injerencias de poderes fácticos en la designación, mis estimados colegas argumentan que esta iniciativa es insuficiente para los fines que busca o que se trata de una medida populista. Una vez más, como suele suceder, mis colegas están en el error y pesa sobre este su servidor, esclarecer en pocas líneas el asunto y dejarlo zanjado de una vez y para siempre.

            La intelectualidad, pese a sus amplios conocimientos en derecho y ciencia política, no puede comprender el poder transformador de la democracia. Esto es así pues sus lecturas han obnibulado su entendimiento de realidades más profundas. Me explico. Estudios recientes en parapsicología, espiritismo, mantras y buena vibra señalan que la mente humana tiene el poder de modificar ciertos aspectos de la realidad con sólo manifestarlo. Así, una persona ordinaria, con entrenamiento mínimo de algún gurú en internet, puede manifestar abundancia y obtener abundancia. Si la energía de un solo cerebro tiene esta capacidad, la unión de varios mentes hacia un solo propósito puede sin duda obrar toda clase de milagros. En ese sentido, ¿qué es la sanción del voto popular sino la manifestación comunal de un cambio?

Bajo estas consideraciones, tienen poco sentido las críticas de la intelectualidad acerca de que no se dará suficiente relevancia a la experiencia judicial, pues gracias al manto redentor de la sanción popular un asno puede convertirse en un perito del derecho tan justo y sabio que el mismo Salomón sentiría envidia.

El poder del voto popular va más allá. Se argumenta que la elección de jueces no será del todo popular pues serán los Poderes de la Unión los encargados de postular las candidaduras, de modo que dicha designación podría estar sujeta a negociaciones y acuerdos por debaje de la mesa. Esto es falso de toda falsedad porque los Poderes de la Unión, incluyendo el judicial, serán a su vez, designados por el voto popular. Un político corrupto que recibe el maná de la venia popular se convierte un legislador del tamaño de Solón. De este modo, se crea un círculo virtuoso que irradia en todas direcciones las bondades de la democracia. Senadores sabios y justos postulan candidaturas sabias y justas que serán sancionadas por el pueblo sabio y justo. Es el sistema perfecto y no hay error en él. Quien lo busque es simplemente un necio.

Es cierto que hay otras formas de resolver los problemas que esta iniciativa busca atender; sin embargo, ¿para qué ahondar en ellas? La transformación manifestada por la mente colectiva del electorado subsana de una vez y para siempre todos los males del mundo. La elección popular hace milagros sobre quién recae.

Cierro esta defensa con una advertencia para mis compañeros en armas, los paladines de la democracia total. Al parecer, a los creadores del proyecto de reforma les tembló la mano al momento de redactar lo relativo a las ausencias permanentes de los juzgadores. En vez de convocar a una nueva elección, como debiera ser, se prevé que se use el sistema anticuado de ternas propuestas por el Ejecutivo que la misma reforma pretende abolir, como si quisieran decir que, después de todo, no estaba tan mal. No. No. No y mil veces no. Ante cualquier ausencia se deben organizar nuevas elecciones sin importar el costo. No dejemos que se nos prive del poder sanador del voto popular por consideraciones vanales. Democracia total o muerte.

Les dejo compartiendo el final de la transcripción original del discurso de Gettysburg, perdido hasta hoy en los anales de la historia:

«…Y que el gobierno de los representantes del pueblo, por los representantes del pueblo y para los representantes del pueblo, no desaparezca de la faz de la Tierra.»

Paz y amor para todos.

Atte. Dr. Et al. Demócrata radical, juez supremo de la razón y la sin razón, firme creyente en el poder de manifestar.

Estepario.logo.E

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