reseña | Redacción
en su épica, los pueblos germánicos tienen un héroe común. Sigfrid es el nombre que le dieron los burgundios —o germanos que se asentaron en la actual región de Austria— y su historia se conserva en el Cantar de los Nibelungos, fechado a inicios del siglo XIII. Sigurdr es como lo llamaron los escandinavos y existen dos registros de sus travesías. Uno está en la Edda Mayor, una compilación de poemas islandeses del siglo XII, y el segundo en la Saga de los Volsungos, escrito en Noruega entre 1217 y 1263.
Si bien ambas historias tienen casi la misma base argumental, la versión de los Volsungos tiene, a nuestro parecer, dos elementos a su favor. El primero es que conserva un carácter esencialmente pagano, mientras que en los Nibelungos se respira ya un ambiente cortesano y cristiano. El segundo es propio del género de las sagas; el autor, adelantándose a Flaubert, ofrece una narración franca, ágil, libre de digresiones y donde los personajes se conocen por su acciones y sus palabras.
La saga está dividida en tres partes. La primera traza la genealogía que va de Odín hasta el rey vikingo Völsung, que casa a su única hija, Signy, con el rey de los gálatas. Éste traiciona a Völsung y lo asesina junto con el resto de sus hijos, a excepción de Sigmund. Para vengar a su padre y preservar la familia, los hermanos sobrevivientes tienen una relación incestuosa de la que nacerá Sigurdr.
En la segunda parte, Signy escapa y contrae un segundo matrimonio con Hjalprek, rey de Dinamarca. Sigurdr recibe como tutor a Regin, un herrero que le enseña a leer las runas, a interpretar las leyes y a jugar una especie de ajedrez. El hermano de Regin es Fafnir, una enorme serpiente que custodia un tesoro inagotable. Regin forja una espalda para Sigurdr y le pide que mate a su hermano, a quien la codicia volvió irreconocible.
En la versión de los Nibelungos, Fafnir es un dragón y los tesoros más preciados que protege son una espada y una capa de invisibilidad. Para los escandinavos, más importante que la joyería es la sangre de la serpiente. Al beberla, Sigurdr es capaz de escuchar el lenguaje de las aves, que le advertirán de traiciones.
La última parte cuenta la muerte de Sigurdr. En su camino por el bosque, Sigurd se encuentra con la valquiria Brynhild, a quien Odín, por su desobediencia, castigó con la espina del sueño y con la prohibición de nunca volver a pelear. Borges ve aquí un lejano recuerdo de la historia de la bella durmiente.
Sigurdr y Brynhild duermen juntos y él le promete que regresará para casarse. Sin embargo, en el camino del héroe se topa con el rey de los burgundios que, obsesionado con su tesoro, le ofrece a su hija Gudrun en matrimonio. Para que acepte, le dan a beber a una pócima que lo hace olvidar a la valquiria.
Tiempo después, Sigurdr ayuda a su cuñado a casarse con Brynhild, pero ella es infeliz con su nuevo esposo. Aquí el autor nos regala pasajes hermosos de la desesperación y la soledad en que vive la valquiria. Finalmente, Brynhild planea el asesinato de Sigurdr y se lanza a las llamas donde se consume el cuerpo del héroe.
Por último, el autor refiere que Sigurdr y la valquiria engendraron a una hija de nombre Áslug. De esta forma, la Saga de los Volsungos puede leerse como la primera parte de un texto más amplio que se conecta con la Saga de Ragnar lodbrókar, hijo de Áslug y fundador de la dinastía de los reyes de Noruega, a quien se le atribuye el primer saqueo de París en el año 845.
Algunos historiadores, han tratado de ver en los episodios de Brynhild y Gudrun un eco de la disputa que se entabló, a mediados del siglo VI, entre los reinos francos de Austrasia y Neustrasia, encabezados por las viudas Brunilda y Fradegunda.![]()
