Héctor Florentino Sánchez de la Cruz (@sauz58) | notas sueltas
Los orígenes de la maldad humana y el alfabeto, son hallazgos del trabajo arqueológico que habitualmente pasan desapercibidos, inclusive en los espacios académicos.
El siglo XIX fue clave para constituir a la arqueología como disciplina formativa en las aulas universitarias de Europa, como lo ha sostenido Jorge Maier Allende. Algo muy similar le sucedió a su pariente próxima, la historia. Luis González y González, en su discurso de ingreso al Colegio Nacional en 1978, así lo señaló, acusando al medievo de excluirla y a Comte de no darle su lugar por considerarla hija del chisme. No fue sino hasta el siglo XX cuando en México se le dotó de profesionalización a la historia como disciplina en la universidad.
Es oportuno señalar que, aunque la arqueología haya nacido de la afición de algunas personas por coleccionar o vender objetos antiguos, a ella se le debe la preservación de los elementos materiales para comprender o, en su caso, “reconstruir el pasado” como algunos arqueólogos ambicionan. Entre los vestigios de incalculable valor generados por esta rama de saber, se puede mencionar al Código de Hammurabi y la Piedra Roseta, el primero hallado a principios de 1900 y el segundo a finales de 1700; ambas son rocas que contienen labrados sistemas de escrituras que se remontan hasta 2000 años antes de Cristo, hechos que las hace únicas.
Sobre el mundo de la escritura no son los únicos hallazgos claves, desde 1953 Alfred Charles Moorhouse en su libro Historia del Alfabeto, dejó claro que, gracias a importantes sitios arqueológicos en Siria y Palestina, se ha podido conocer la invención de distintas escrituras y la forma en que las han utilizado, pasando por los símbolos y la manera de interactuar tal vez con diversas culturas, porque no se tiene una cuantificación precisa. Lo mismo ocurre con el descubrimiento de Los rollos del mar muerto, porque al descubrirse estos textos de muchos siglos previos a la vida de Jesús, vinieron a revolucionar la manera de cómo se había comprendido la Biblia y los sistemas de escrituras de otras épocas y culturas.
Incluso este encuentro de documentos tan añejos, contribuyó a crear toda una nueva forma de estudiar la vida de la humanidad para adentrarse a su historia y comprender que muchas ideas o estudios considerados novedosos realmente son antiguos. Encuentros de esta naturaleza permitieron construir la egiptología por la inmensa riqueza de objetos y zonas de estudios; lo mismo ocurrió con los manuscritos del Mar Muerto, con ellos se generó la creación de una nueva disciplina integral conocida por algunos estudiosos como el qumranismo. Surgiendo así, una nueva escuela o sistema de estudio de la humanidad a partir del complejo sitio arqueológico encontrado en la antigua ciudad de Qumran, hoy Palestina.
En sí, la arqueología abrió las puertas para que la filología, la antropología, la teología y toda la compañía académica se enriquecieran a manos llenas. Es importante señalar que, aún y cuando algunos descubrimientos arqueológicos no fueron generados en alguna expedición planeada por arqueólogos, sino que las piezas fueron halladas por azares de la vida por personas ajenas al campo de estudio, esa circunstancia no demerita que quienes emprendieron el cuidado y ejecutaron los protocolos fueron los poseedores de las técnicas de preservación.
Sin lugar a dudas, encontrar estas obras humanas permitió a la humanidad conocer la creatividad y la inteligencia de los antepasados, al crear sistemas complejos de comunicación escrita. Igual generó una mayor comprensión de las denominadas lenguas muertas; en esta área de análisis los ganadores son los lingüistas. Este es uno de los enormes legados de la arqueología a la humanidad, un espacio donde convergen cuantiosos saberes.
La ubicación de El Hombre y su Ba o Un Diálogo de un Desesperado con su Ba, fue otro descubrimiento de la arqueología, el cual retrata a la maldad humana; esta revelación se trata un texto contenido en un papiro que algunos expertos le calculan una edad de entre 2000 a 2500 años. Un descubrimiento sin precedente en Egipto, similar al ocurrido cerca del Mar Muerto.
El aporte fino de la arqueología se centró en mostrar que desde aquellas fechas el problema de la maldad era un tema agudo y de aflicción. Con esta referencia en la línea del tiempo de la humanidad podríamos reiniciar inclusive el debate que ahora no parece tan añejo sobre si ¿las personas son buenas o malas por naturaleza? Llegando a considerar que se podrían replantear las respuestas generadas o afianzar las proporcionadas.
No es menos importante señalar que las malas traducciones de las lenguas actuales deforman, como insistía Jorge Luis Borges; este llegó a considerar que el libro de Kafka no debió llamarse Metamorfosis, sino Transformaciones. Lo mismo ocurre en este caso, aunque aquí es más difícil saber con precisión la fiel traducción porque estamos en presencia de lenguas del pasado, por ello algunos expertos egiptólogos se otorgan esa licencia especial para denominarlo como un hombre y otros un diálogo de un desesperado.
Dada la naturaleza de las aportaciones es oportuno referir a las malas traducciones, estas siempre son peligrosas porque se alejan de los propósitos originales. Las posibles imprecisiones no terminan con la traducción referida. Las dudas escalan en grado al no saber si las líneas fueron escritas por un sacerdote o un campesino, entendiendo que uno gozaba de educación y el otro adolecía de ella. Tampoco se identifica con claridad si Ba significa alma o razón. Entre otras posibles imprecisiones como las antes narradas, no terminan con la traducción. Las dudas escalan en grado al no saber si las líneas fueron escritas por un sacerdote o un campesino, entendiendo que uno gozaba de educación y el otro adolecía de ella. Tampoco se identifica con claridad si Ba significa alma o razón.
Regresando al tema central, la arqueología ha propiciado el reestudio de las lenguas del pasado, lo que ha generado nuevas interpretaciones o traducciones del alfabeto. El descubrimiento de El Hombre y su Ba, es objeto de escasos estudios; situándose como uno de los puntos interpretativos medulares, el siguiente: “¿A quién puedo hablar hoy? Si los hermanos se han vuelto malvados y los amigos de hoy no aman”. Estas breves líneas permiten a los profesores concluir que el reino de la maldad humana ha acompañado los pasos de las personas en la tierra.
La incógnita es progresiva por la serie de dolencias detalladas en el añejo texto, por ejemplo, el hombre o el desesperado explica el mundo de injusticia: “Triunfan los malvados, se castiga a los inocentes”; el papiro no omite precisar que el mal se pasea por la tierra sin que tenga fin.
Con lo narrado podemos advertir que, la discusión del tema en cualquiera de sus vertientes es omitida en los espacios educativos, a pesar de que el mal cobró sentido de preocupación en el mundo al haberse generado en menos de tres décadas dos guerras mundiales con efectos desastrosos. Hecho motivó la creación de la Bioética como disciplina de reciente creación y encargada de preocuparse por las áreas que brinden bienestar al ser humano, la cual se propuso como prioridad desentrañar dónde y por qué surgía la maldad, acercándose para tal propósito a la antropología y a la etología.
La etología se encargada de estudiar el comportamiento del reino animal porque las personas legalmente no pueden ser sometidas a un laboratorio para experimentar con ellas. Es importante precisar que también la bioética se olvidó de la arqueología, aunque no se puede asegurar que hay sido consiente; viene bien advertir que la bioética es el depósito por excelencia de los temas que muchas escapan a la comprensión inmediata y a los cuales no se les vislumbra una solución.
Al retomar los temas de la maldad humana es importante situar el momento cuando Jesús exclamó que, quien estuviera sin pecado que arrojara la primera piedra, el mundo ya tenía al menos 2000 años antes, un cementerio construido de piedras. Considerando como parábola a la piedra, esta representaría para ese momento el símbolo del mal. Ahora podemos señalar que pasamos de la piedra al metal; del metal a la pólvora; de la pólvora a las armas nucleares y, de las armas nucleares a las armas biológicas.
Sólo cabe apostar a la educación y reconocer el trabajo conjunto de las ciencias sociales y correctamente explicadas para ir abatiendo los males sociales; los que parecen han acompañado al ser humano desde hace al menos, 4000 años; así lo ha identificado a la arqueología a la que tanto se le debe. Sirva estas líneas de breve homenaje a tan generosa disciplina que mucho a brindado a la humanidad, al alfabeto y a descubrir la bondad, contracara de la maldad.
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